Ir al contenido
CosechaBiotech
← Todas las publicaciones

Ciencia explicada

Cuánto tiempo tenemos y cómo queremos vivirlo

Sumar años es relativamente mecánico y fácil, sumarle vida a esos años es el verdadero desafío por el que la gerociencia apuesta.

Camila Russo · 4.º año de Biotecnología en UADE y analista de control de calidad en un laboratorio farmacéutico

5 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

La ciencia hace no mucho tiempo comenzó a separar esta pregunta en dos partes. No es lo mismo la cantidad de años en los que el corazón sigue latiendo, el lifespan, que la cantidad de años que vivimos con energía y lucidez, el healthspan. Sumar años es relativamente mecánico y fácil, sumarle vida a esos años es el verdadero desafío por el que la gerociencia apuesta. En lugar de tratar cada enfermedad de la vejez por separado, se enfoca en intervenir sobre el envejecimiento mismo, la raíz de todas ellas.

Esa raíz dejó de ser un concepto abstracto. En 2013, investigadores identificaron los hallmarks del envejecimiento: una lista de síntomas moleculares compartidos por toda célula que envejece. Una década después, se sumaron nuevos sellos distintivos como la inflamación crónica, una respuesta inmunitaria desregulada persistente, y la disbiosis del microbioma, el desequilibrio en las comunidades de microorganismos que habitan principalmente en nuestro intestino. Otro de esos hallmarks lleva el nombre de senescencia celular: con los años, algunas células dejan de dividirse pero no mueren y tampoco cumplen una función. Se convierten en células “zombis”, segregando moléculas inflamatorias que perjudican lentamente el tejido sano que las rodea y acelerando el envejecimiento de las células vecinas. Frente a esto, los laboratorios ya usan fármacos para limpiarlas y reprogramar nuestro propio sistema inmunológico, adaptando terapias CAR T. Estas terapias funcionan extrayendo linfocitos T del paciente insertándose mediante un vector viral un nuevo fragmento de ADN que les da nuevas instrucciones. Así, el linfocito coloca en su superficie un receptor que detecta proteínas que se encuentran en las células senescentes y se vuelven a inyectar a la sangre del paciente. El linfocito modificado encuentra a la célula zombi y libera sustancias químicas tóxicas que la destruyen.

Cada célula de nuestro cuerpo lleva el mismo manual de instrucciones, el ADN, aunque una de la piel y una del corazón cumplen tareas completamente distintas. Lo que cambia no es el manual sino qué se lee de ese ADN y qué no, para posteriormente expresar ciertos genes y sintetizar ciertas proteínas. Esos cambios se reescriben todo el tiempo según lo que vivimos, un mecanismo llamado epigenética. Con esto sabemos que nuestras células guardan información de cómo vivimos los años y del desgaste generado. Hoy en día, se comercializan tests de epigenética que, analizando una muestra de saliva o sangre, devuelven un número concreto de nuestra edad biológica aproximada, que puede ser mayor al compararlo con la edad cronológica que conocemos.

La búsqueda de la longevidad dejó de ser un mito para convertirse en una de las carreras financieras más grandes de la actualidad.

Entonces, si el envejecimiento es información mal leída, ¿se puede volver a escribir? Un hallazgo que le valió el nobel a Yamanaka partiendo de una pregunta: ¿qué combinación mínima de genes es capaz de devolver a una célula adulta su estado de célula madre? Hay factores moleculares que son capaces de reprogramar células a un estado pluripotente, similar al de las células madre embrionarias. Estos desactivan marcas epigenéticas y restauran la capacidad de diferenciación celular. La búsqueda de la longevidad dejó de ser un mito para convertirse en una de las carreras financieras más grandes de la actualidad. Multimillonarios de Silicon Valley están invirtiendo millones de dólares en empresas como Altos Labs, Retro Biosciences, Calico Life Sciences, etc., reclutando a los mejores científicos para lograr que la vejez no sea un destino biológico inevitable.

El riesgo de estos avances es caer en la trampa de sacrificar verdades por titulares que denotan curas definitivas a problemas muy complejos. El mercado exige vender soluciones pero la ciencia trabaja sobre la incertidumbre y crece a los tropezones.

Tal vez, el debate que debamos tener como sociedad no sea cuántos años podemos hackearle a la muerte sino para quiénes estará disponible esa tecnología y qué tipo de vida estamos construyendo en el intento. ¿De qué nos sirve sumarle décadas al calendario si no sabemos cómo llenarlas de sentido? ¿Hasta qué punto podemos editar nuestra propia biología antes de alterar lo que nos hace humanos?

Compartir En LinkedIn
Sobre quien escribe

Camila Russo

4.º año de Biotecnología en UADE y analista de control de calidad en un laboratorio farmacéutico

LongevidadEnvejecimiento celular